El artículo que siempre quise escribir...
Tras el post de Antonio, que se encuentra en Japón gracias a IAESTE, trabajando en Olympus, me llegó por fin la necesidad de contar la guinda de nuestro viaje a Japón en Julio del 2004. En su artículo relata la subida al Monte Fuji, 3766m, y que se parece bastante a nuestra experiencia.
Pues eso, nos encontrábamos en el caluroso verano 2004, agotando ya los últimos días de nuestra fabulosa estancia en el Imperio del sol naciente, y tras habernos integrado totalmente en la cultura Nipona, y haber tenido toda serie de peripecias, aún nos faltaba esa grandísima historia que hace que no olvides ese viaje en tu vida, y con personajes como Diego Piñero y Dani Zahonero, la aventura y las liadas monumentales te buscan a tí y no tu a ellas.
Y claro con un consejero como Takehisha Tsuchiya, alias "Takechan", que hace siempre de padre y que, como todo recatado japonés, nos desaconsejó subir al Fuji, pues por un lado, hay que estar bastante en forma, y además por lo visto, el tiempo no acompañaba mucho en esos días.
Y es que en ese particular verano, y como viene siendo habitual en Japon, la isla estaba siendo azotada por 3 tifones, que se dejaban notar bastante.
Pues nada, nosotros el día que vimos que no salió muy nublado, y que podíamos ver el Fuji desde la ventana, decidimos simplemente subirlo, lo que no nos imaginabamos es que uno de estos amigos, no se si el Megi o el Rananim: Temporada de Tifones en el Pacífico en el 2004, nos esperaba al otro lado de la montaña.
Reunido el equipo:

Y con todo el material necesario:

Y todo el material que juntamos fue: un chandal que me dejó Take, que me llegaba por las rodillas. A 40º y humedad del 80% en la ladera, quién está para pensar en frio. Y por supuesto el otro utrnsilio indispensable, una linterna del "todo a 100 yenes", que nos duró los primeros 10 minutos de escalada.
Al Monte Fuji a ver el amanecer, que dicen que es una de las cosas más bonitas que puedas llegar a ver, se empieza por la noche , y en los folletos pone que se tardan unas 7 u 8 horas en subir, supusimos que a las 6 amanece

Como eran las 3 de la tarde, y el primer bus hacia el primer puerto era a las 6 o las 7, por qué no, decidimos ir andando, exactamente desde aquí:
Y no sé si calculáis, si alguno sabe de esto a que distancia queda ese pico que se ve en el fondo, pero empezamos a andar y andar, hasta que nos dimos cuenta de que que, primero, una autopista nos cortaba el paso, y segundo, de que tardaríamos unas 25 horas en llegar, total que, tras hora y media, nos volvimos hacia atrás otra vez, y cogimos el bus, que tardó una hora en llegar a la primera estación.
Bueno, en la primera estación, ya oímos rumores de que se ve que llovía un poquito, algo de que de la tercera estación era imposible pasar. NOTA: hay 8 estaciones hasta la cumbre.
En esa primera estación nos encontramos con nuestro primer amigo, un canadiense llamado Mack, creo recordar, y si no, pues os inventáis otro nombre. El había quedado en la cima con su novia, que subía por la otra cara de la montaña.
Íbamos bastante más rápido de lo que creíamos, pues nos colocamos en la 5ª estación a las 11 de la noche, tardábamos unos 20 minutos por estación, lo que nos dejaría en la cima a las 12:30 más o menos, y a ver que hacíamos ahí arriba 5 horas, así que Mack nos contaba mil historias sobre Canadá en cada estación, y malgastabamos alrededor de hora y media en cada una de ellas.
Ahh sí, la cosa se empezo a poner muy chunga a partir de la 3ª, nos decían que no subiésemos más, pero, la furia española puede con todo. Por cierto, cuando hace mucho frío y estás calado hasta los huesos es una putada.
Y por supuesto, nosotros no estabamos dispuestos a dar ni un duro a los japos, que cobraban 3000 yenes (unas 3000 pesetas) por cada hora que quisiéses pasar a descansar en cada casa que había en cada estación. Pero la subida se estaba empezando a pooner muy chunga, y con los jarros de agua que caían el hacer 1 hora y media parados en cada estación, empezaba a ser difícil. Así que abrimos una puerta con una gran cruz roja en la puerta, y pasamos sin hacer nada de ruido, y nos quedamos durmiendo en una especie de hall de 2 metros cuadrados apiñados los 4. Hasta que un médico a la hora y media, nos echó a patadas.
7ª estación, las cosas se pusieron muy muy mal, el viento era muy fuerte, cuando subías, veías como caían rocas a tu alrededor, no se veía nada de nada, la lluvia y el frío eran cada vez mayores, y aún eran las 3 de la mañana. Y para colmo, Dani empezó a decir que no sentia un pie, claro, Diego y yo nos lo tomamos a coña, hasta que empezo a gritar y pegar puñetazos a una puerta.
Total, decidimos que sólo nos quedaba subir hasta el final lo más rápido posible y descansar en la cima.
Pero entonces nos llevamos la sorpresa de que la última estación eran 2, y las más largas y difíciles de todas, lo cual nos venía muy bien, pues a las 4 llegamos a la cumbre. Y señores, lo que tienen los tifones, es que, soplan donde están, y claro si te tapa una montaña, pues no lo notas, pero cuando estás en la cumbre, se notan que da gusto. Pues nada a las 4 de la mañana en medio de la nada, con un viento huracanado, congelados de frío, y las dos casetas que había cerradas a cal y canto, porque a nadie había tenido el valor de intentar subir. Por cierto ahora eramos 6, una pareja de Neo Zelandeses se nos incorporó en el camino.
Podéis entonces imaginar la ira de Dani, que cojeando y congelado vió que no podría entrar en calor, total, que llamó y llamó a las 2 pueras, sin ningún éxito. Esta es una parte que no es bueno contar, pero una puerta se vino abajo y entramos en una especie de almacén, donde guardaban todos los souvenirs que vendían en la cima.
Hablando de los Souvenirs, no se a quién se le pasó por la cabeza regalar grandes cantidades de Souvenirs a todos los que componíamos el grupo.... EL problema fue que de repente, entró un tipo japonés bastante grande, que debía de trabajar allí, que descubrió que habíamos cogido algún que otro souvenir, gracias a los ingratos Neo Zelandeses, y que intentó echarnos a patadas en medio de la intemperie. Y bueno si habéis estado en una situación de mucho riesgo, en aquel momento eramos capaces de matar a pedradas a aquel tipo antes que bajar por donde habíamos subido, con lo peligroso de la situación, y la que estaba cayendo. Así, que sí o sí, nos quedamos allí hasta que amaneció.
Y estas son las bonitas imágenes del amanecer:
Y esto fue cuando al fin, a las 8 de la mañana abrieron, una casetilla, y nos comimos un caliente Ramen
Os podéis imaginar el amanecer que vimos.
Y bueno, sólo decir, que creo que ostentamos el Record Guiness de bajada del MOnte Fuji, en 45 minutos, tiempo en el que se le descongeló el pie a Dani.
En la siguiente historia os contaré como aprendimos a hacer Kendo...


1 comentario:
Madre mía. Espero que la historia del Kendo sea menos patética que la del monte Fuji. Desde luego, esas fotos del amanecer merecen sacrificar algún que otro pie.
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